lunes, 24 de mayo de 2010

La naturaleza de ella

Cuando más calmada está la corriente, es cuando debes huir. La naturaleza no sigue criterios de cortesía o buenos modos, ella actúa cuando sus instintos lo ordenan. La naturaleza, un universo esférico y yo digo que infinito.
Así como ella, la otra. La misma que turbaba algunos de mis sueños y acurrucaba unos cuantos anhelos.
Creo que hoy debo irme, me asusta tanto silencio. Me asusta ver un cielo despejado pues puedo estar en el ojo del huracán. Me asusta verla llorar sola.
Bacon dice que la naturaleza es vencida si la sigues, iré en contra de ella, estaré en una catástrofe.
A lo que más debe temer un hombre que quiere a una mujer es a verla llorar, sobre todo cuando sabe que no es culpable de ninguna de esas lágrimas.

viernes, 15 de enero de 2010

Perdido +

Ese día me perdí, caminé sin rumbo; llegué a casa sin recordar en dónde estuve.
La luz se apagó y golpeé los dedos de mi pie izquierdo con la base de la cama. La luna sólo iluminaba mis manos frías en la noche y el vaho de mi boca emanaba sin cesar.
Había descubierto que su foto provocaba en mí demasiadas sensaciones, dolor de estómago y helaba más mi alma, haciendo a un lado el invierno.
Tuve miedo de morir, me sentí completamente solo y demasiado estúpido para llorar. Se llora cuando se tiene algo dentro, no cuando se es un parásito que sólo roba oxígeno a los demás. ¿Por qué debía morir él y no yo? La típica frase ahora se hacía realidad, yo aún no le daba algo al mundo. Yo ni siquiera había plantado un árbol o había ayudado a una anciana a cruzar la calle, no donaba nada en las colectas para enfermos. Mi vida se reducía a certificados escolares que no tenían razón de ser ante mi apatía global. El mundo era yo y punto.
Ahora me dolía él, minutos antes de que se fuera.
Mi tiempo aún era holgado, mis posibilidades de vivir eran altas. Él poco a poco se fue apagando, dejó de brillar y un tono gris iluminaba sus mejillas, su calor comenzó a perderse pero comenzó a salir para entrar por mis dedos. Su fuerza inundaba mis venas, era la mejor forma de dejarlo vivir y darle al mundo lo que nunca le ofrecí. Sería como él, soñaría con tanto fervor como cuando él dormía. Haría poemas de las flores y de las nubes como los que él recitaba y escribía en servilletas. Cantaría al despertarme para que el Sol me escuchara y tuviera ansias de salir. Iluminaría de muchos más colores cada paisaje y llenaría de pintura roja mi opaco corazón. Amaría, tanto como él me amó.
No iría en contra del ciclo, él hizo todo lo que tenía que hacer, yo sólo iniciaría por el mismo camino que él siguió para luego tomar el rumbo que eligieran mis pies. Ese día aprendí a vivir.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Capítulo 2. Cursi.

Me cansé de ver las estrellas porque no siempre daban la respuesta que deseaba. Al final, terminé aborreciéndolas porque su tintineo me daba náuseas y aborrecía tanta felicidad. Mentiría si niego haber pasado algunas noches en vela observando los astros, esperando que uno pasara de forma fugaz para pedirle un deseo que nunca se cumplió.
Siempre me faltó carácter, siempre esperé que otros ayudaran para darle un vuelco a mi vida y que ésta tomara el rumbo que yo no me atreví a seguir.

En muchas ocasiones quise huir dejando todo a mi suerte. Eso sólo me hubiera convertido en un verdadero cobarde que teme darle algún sentido a su vida. Refugiado en decenas de brazos a los que amé sin saber por qué. Llorando un sinfín de ocasiones pero sin dejar de buscar, las lágrimas eran falsas. No he querido a nadie y no lo haré hasta que me tomen desprevenido o me quede en una profunda soledad que me haga sujetarme de cualquier orilla o de cualquier par de ojos, es la única manera.
Hoy quisiera irme de aquí y lanzar todo al carajo porque hoy me siento mal, estoy sin un espacio dónde guarecerme. Parece que no tengo ni un lugar en dónde caer muerto, ese debería de ser el miedo más grande del hombre, no saber en qué sitio descansará por la eternidad.
Por eso, hoy tomo carácter. No me hago el sufrido como siempre. Dejaré de ser cursi o romántico o como quieran nombrarlo, no sirve de mucho sentir. Le doy un sentido a mi vida porque si me suelto de ella, nos lleva la fregada. Desde hoy y aquí a esta altura, nada de compadecerme de mí.
En este instante, viendo a las malditas-benditas estrellas, me lanzaré al vacío. Se murió aquél ser ataviado de culpas y temores por el que no se daba ni un peso. Este precipicio parece lo suficientemente profundo para que se rompa en mil pedazos un alma de por sí rota. Respiro hondo, doy un paso, tomo una gran bocanada de aire y mi cuerpo se estremece ante la altura. Un paso más y la cuenta regresiva comienza.

Tres, dos, uno. Ahora puedo recordar qué me hizo tomar esta decisión.

martes, 15 de diciembre de 2009

Confusión 1a parte

Pude haberme quedado recostado más tiempo, si no hubiera sido porque una de mis tantas confusiones me indicó que ése era un día que no era. Que yo debería de estar en un lugar que no era mi cama y que tendría que hacer cosas que no estaba haciendo.
Me levanté corriendo y despertando a mi cuerpo a base de choques con la puerta del baño y un poco del agua fría que sale de la regadera.
Me bañé rápido para ahorrar líquido y tiempo. Me hacía falta tiempo.
Corrí escurriendo hacia mi habitación, un poco más despierto y comencé a vestirme ante la mirada de los vecinos pues mis ventanas carecían de cortinas. Amaba la atención.
El cabello desaliñado y húmedo hacia notar que no tuve tiempo para arreglarme a conciencia. Tomé una chamarra de cualquier color y cuando estuve cerca de salir a la calle, se me hizo fácil encender el teléfono celular que al iluminar su pantalla, me indicó que ese día era jueves y no el viernes que tanto ansiaba.
Sin más, arrojé el teléfono al sillón, subí las escaleras, tiré la chamarra al suelo y me tiré a la cama sin importar la humedad de mi cuerpo o lo confusa que era mi mente.

Murakami, Haruki. "Sputnik mi amor". Fragmento

"Y entonces lo comprendí. Habíamos sido unos magníficos compañeros de viaje, pero, en definitiva, no éramos más que dos solitarios pedazos de metal trazando su propia órbita cada uno. Desde lejos parecían bellos como estrellas fugaces. En realidad, sólo éramos prisioneros sin destino encerrados cada uno en su propia cápsula. Cuando las órbitas de los dos satélites se cruzaban casualmente, nos encontrábamos. Quizá simpatizábamos. Pero sólo duraba un instante. Momentos después volvíamos a estar inmersos en la soledad más absoluta. Y algún día arderíamos y quedaríamos reducidas a nada".

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Corre, corre, corre

Siempre me mantengo en una constante carrera. Corro a cada momento para evitar perder el tiempo. Trato siempre de crear historias que sirvan para el baúl de los recuerdos y le den un poco más de contenido a esta vida tan vacía. Haciendo todo lo que se me ocurra para tener algo que contar.
No puedo tirarme a la depresión y admitir que todo en mi vida está jodido.
Claro que no, hasta me han felicitado en mis cumpleaños, he visto unos cuantos atardeceres en las montañas, he comido platillos que a todos harían salivar, hasta me han besado.
Siempre estoy corriendo.
Si a lo lejos alcanzo a notar un problema, lo esquivo para evitar detenerme. Si ya estoy metido en él, mi cobardía me hace huir. Nunca me he quedado a observar en qué terminan algunos contratiempos, quizás sea tiempo de enfrentarme a la vida y dejar de estar construyendo mini películas con un intento de final feliz, dejaré que los filmes lleguen al final y si en ellos tengo que morir en la última escena, lo afrontaré.
Pero quiero seguir corriendo, que el aire me dé en la cara y mis pasos vayan aplastando las piedras al pasar. Que la lluvia me moje el cabello cuando me tome desprevenido. Que la noche me persiga hasta el amanecer.
Quiero sufrir lo menos posible para que mientras corra se cure el dolor.
Quiero sentir el amor sólo cuando sea verdadero, si comienza a desvanecerse será mejor seguir corriendo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Milagro

Tengo demasiado cabello para ser recién nacido. Quedan unos minutos para la siguiente hora, es de madrugada. Mi mamá cree que tengo alguna enfermedad, todo causado por las 10 horas que duró el dolor traído por el tardado alumbramiento.

Muchos dicen que casi muero, llevándome entre las patas a mi amá (aunque fuera lo contrario, ella me traía entre la barriga y la médula), pero gracias a mi abuelo, ella resistió por un préstamo divino. Eso lo supieron hasta 3 años después, pues mi abuelo nunca confesó haber vendido su alma a un Santo con tal de mi llegada al mundo.
Tal vez, ese hecho debería unirme a la cristiandad.

Soy del tamaño de un antebrazo estirado. La medida perfecta de un recién nacido para ser cargado por las decenas de personas que ven un integrante nuevo del mundo. Un color rojito como el de todos los bebés.

Es algo de lo poco que sé de mi llegada al mundo, no tengo una gran memoria. Mi más vago recuerdo, nos traslada al año 1992. Tengo a penas dos años.

Voy en los brazos de mamá y noto algo extraño por ese cuadrito de al lado.
Es algo que despide mucha luz, un destello rojo casi rosa (que al recordar me causa paz y cierta nostalgia, mi corazón palpita cuando me llega a la mente). No creo saber qué es, pero es lo más lindo que he visto en mi corta vida.
Debe ser lo más espectacular, para haberse grabado en mi mente con tanta claridad. Se trata de mi viaje en avión a Huatulco, fue el primero.
Sé que lo que vi a mi lado es una nube. Lo recuerdo claramente. Además, hay una foto unos instantes antes de despegar, que me dicen que tengo razón.
Parece que soy un niño sin mayor discapacidad física funcional, sólo cierta discapacidad de la memoria (olvido todo). Un toque de hiperactividad que me mantiene en un estado de alerta constante, como un gato. Me gustan los gatos, son tan… independientes y aventureros, quisiera ser como ellos.

Me gusta esto de tener un cuerpo. Puedo correr (cuando pueda) a donde quiera. Usar mis manos para tocar mis pies (cuando alcance) y mirar hacia donde se me antoje (cuando logre enfocar las cosas).
Creo que con un cuerpo como este, todos podemos lograr lo que queramos.
Ya quiero correr y ser libre, si supiera lo que me espera, no importa; quiero pensar que tengo el mundo a mis pies. Correré para hacerlo girar.